Amapola es una canción de 1920 del clarinetista y compositor español José María Lacalle García (Cádiz, 1859), quien tras iniciar sus estudios musicales en su ciudad natal los continuaría en La Habana, para acabar finalmente residiendo en Nueva York, donde tuvo su propia orquesta (LaCalle Band) . Se grabó primero en versión instrumental, en 1923, por la Orquesta Cubana. El tenor español Miguel Fleta fue quien hizo, en 1925, la primera grabación vocal de esta celebérrima composición.
Con permiso de don Alfredo Kraus, que, como no podría ser de otra manera, tiene una extraordinaria versión de esta bella canción sobre una mujer a la que se adora (la <<amapola>> de la que en ella se habla), a continuación se dan tres versiones de la misma: la primera del español con voz de tenor Luis Mariano, la segunda del barítono mejicano Guillermo Ruiz y la tercera la grabación original: la del tenor español Miguel Fleta.
Amapola, lindísima Amapola: será siempre mi alma tuya sola. Yo te quiero, amada niña mía, igual que ama la flor la luz del día.
Amapola, lindísima Amapola: será siempre mi alma tuya sola. Yo te quiero, amada niña mía, igual que ama la flor la luz del día.
Amapola, lindísima Amapola: no seas tan ingrata y ámame.
Amapola, Amapola: ¿cómo puedes tú vivir tan sola?
(Vídeo inferior) La primera grabación, del tenor español Miguel Fleta en 1925:
LETRA DE LA CANCIÓN:
De amor en los hierros de tu reja. De amor escuché la triste queja. De amor que sonó en mi corazón diciéndome así con su dulce canción:
Amapola, lindísima Amapola: será siempre mi alma tuya sola. Yo te quiero, amada niña mía, igual que ama la flor la luz del día.
Amapola, lindísima Amapola: no seas tan ingrata y ámame.
Amapola, Amapola: ¿cómo puedes tú vivir tan sola?
Tal vez en los hierros de tu reja, el amor…, el amor sintió su queja.
Amor: sé mi amante corazón. Entró por mi mal una dulce ilusión
Amapola, lindísima Amapola: será siempre mi alma tuya sola. Yo te quiero, amada niña mía, igual que ama la flor la luz del día.
Amapola, lindísima Amapola: no seas tan ingrata y ámame.
Amapola, Amapola: ¿cómo puedes tú vivir tan sola?
