PEDRO: ¿Qué dices, Katiuska?
KATIUSKA: ¡Te quiero!
PEDRO: ¿Qué dices, Katiuska? Somos dos barcas que por el Volga, al cruzar, se han visto un día y ya nunca se han de encontrar. A mi pesar, yo río arriba voy sin querer. Tú vas al mar. Y aunque te llamo, Katiuska, no puedes volver. Los sirgadores llevan mi barca al dolor; llena de flores. La tuya va hacia el amor. ¡Katiuska mía, sueño que no puede ser! ¡Huye de mí! ¡Vete, mujer! Somos dos barcas que nunca se han de encontrar. Voy río arriba y tú vas al mar.
KATIUSKA: Vámonos a otras tierras donde crecen las flores a vivir nueva vida en un ensueño de amores.
PEDRO: Hasta en nuestra Siberia pone la primavera flores en la pradera y en el cielo el azul. Entonemos juntos por la tierra entera la canción de amores y de juventud.
KATIUSKA: Por San Wladimiro, de la alegre romería volveremos juntos cuando va a morir el día. Lejos, lejos el sonar de los acordeones con su ritmo ha de llegar a nuestros corazones.
PEDRO: Por San Wladimiro, de la alegre romería volveremos juntos cuando va a morir el día. Y al volver, en un momento de alegría loca, besaré tus manos y tus ojos, y tu boca. Dime si soñé.
KATIUSKA: No has soñado si haces lo que yo te pediré.
PEDRO: ¡Katiuska! ¡Katiuska! Di: ¿qué puedo yo?
KATIUSKA: Puedes salvar al príncipe.
PEDRO: ¡Katiuska! ¡Katiuska!
KATIUSKA: ¿Vas a hacerlo?
PEDRO: ¡No! Me pides, Katiuska, que pierda el honor; que sea con los míos un cobarde traidor; que viva una vida con la honra perdida y sienta vergüenza hasta del mismo amor. Somos dos barcas que por el Volga, al cruzar, se han visto un día y ya nunca se han de encontrar. A mi pesar, yo río arriba voy sin querer. Tú vas al mar. Y aunque te llamo, Katiuska, no puedes volver. Los sirgadores llevan mi barca al dolor; llena de flores. La tuya va hacia el amor. ¡Katiuska mía, sueño que no puede ser! ¡Huye de mí! ¡Vete, mujer! ¡Somos dos barcas que nunca se han de encontrar! Voy río arriba y tú vas al mar.
KATIUSKA: ¿No le perdonas?
PEDRO: Es mi deber.
KATIUSKA: ¿Aunque yo llore?
PEDRO: Aunque tú llores, no puede ser. ¡Katiuska, llora! ¡Katiuska mía! ¡No! ¡No! ¡No! No ha de vencer con su querer. Y aunque por ella cedería… ¡No! ¡Es mi deber!