El celebérrimo tango-cuplé titulado Fumando espero lo compuso en 1922 el músico catalán Joan Viladomat i Massanas, también conocido por su nombre castellanizado de Juan Viladomat Masanas y que nació en la localidad barcelonesa de Manlleu en 1885. Viladomat, que a la edad de quince años ya tocaba en la banda municipal de su pueblo, cursó estudios en el conservatorio del Liceo de Barcelona y también en París y es autor de varias canciones. Con letra del también catalán (Santa Coloma de Gramanet, Barcelona) Antoni Josep Gayá Gardus, un periodista y libretista conocido por el nombre de Félix Garzo, la pieza que nos ocupa se estrenó, entonada por un coro en una revista musical, en el Teatro Victoria de Barcelona en 1923.
Al año siguiente, en 1924, y con un magnífico acompañamiento orquestal a cargo del valenciano Maestro Vicente Gelabert, se grabó en disco, por primera vez, en la voz de Ramoncita Rovira, nacida en La Fuliola (provincia de Lérida). La canción cruzó el charco en 1926, cuando la dio a conocer en Nueva York, con gran éxito, la estrella cubana Pilar Arcos. Y desde allí, dos años después, llegó noticia del tango español a Argentina, donde en un principio se conoció a través de las grabaciones de Rosita Quiroga. Otros muchos han sido los intérpretes del mismo, entre los que destacan, en el continente americano los argentinos Libertad Lamarque e Ignacio Corsini. En España destacan las versiones de La Bella Dorita, quien la grabó en 1925 y 1958 y, sobre todo, la más conocida de todas ellas: la muy sensual de Sara Montiel, que la cantó en la película de 1957 por ella protagonizada El último cuplé.
A continuación, la bonita versión de Ramoncita, muy poco conocida, y la famosa versión de Sara Montiel. En la letra de esta segunda falta (al parecer por motivos de censura) la parte del cigarrillo que hay, cerca del final, en la de la primera.
LETRA DE LA CANCIÓN:
Fumar es un placer genial, sensual.
Fumando espero al hombre a quien yo quiero tras los cristales de alegres ventanales. Y mientras fumo, mi vida no consumo, porque, flotando, el humo me suele adormecer.
Tendida en la chaisse longue, fumar y amar.
Ver a mi amante solícito y galante; sentir sus labios; besar con besos sabios. Y el devaneo sentir con más deseo cuando sus ojos veo sedientos de placer.
Por eso, estando mi bien, es mi fumar un edén.
Dame el humo de tu boca, anda, que así me vuelves loca. Corre, que quiero enloquecer de placer sintiendo ese calor del humo embriagador que acaba por prender la llama ardiente del amor.
Mi egipcio (?) es especial, mi amor. Señor: tras la batalla en que el amor estalla, un cigarrillo es siempre un descansillo, y aunque parece que el cuerpo languidece, tras el cigarro crece su fuerza y su vigor.
La hora de inquietud con él [..] tus sueños celestiales, que forman nube que allá a la gloria sube [..] su estrella que luce clara y bella con rápido fulgor.
Por eso, estando mi bien, es mi fumar un edén.
Dame el humo de tu boca, anda, que así me vuelves loca. Corre, que quiero enloquecer de placer sintiendo ese calor del humo embriagador que acaba por prender la llama ardiente del amor.