Una de las diferencias del órgano de tubos ibérico con respecto a los del resto de Europa es la disposición de sus tubos. El conjunto de los mismos (la cañutería) se distribuye en diversas partes de la caja o armazón del órgano: en su interior y en el exterior, y tanto vertical como horizontalmente. La principal característica diferenciadora es que los tubos resonadores de los sonidos de viento, principalmente trompetas, están dispuestos en la parte externa y de forma horizontal, apuntado a la nave de la edificación que los cobija, hacia la que proyecta directamente el sonido. El conjunto de estos tubos (o, en este caso, “trompetas”) recibe el nombre de trompetería, también conocida como “trompetería de batalla” debido a que la finalidad de su peculiar disposición es la de imprimir a la música un carácter no sólo majestuoso, sino también marcial.
Efectivamente, el sonido producido, amén de brillante, tiene una muy poderosa presencia, sobre todo en los tubos más grandes o trompetas imperiales. Esto puede apreciarse perfectamente en la composición recogida en el vídeo bajo estas líneas, en el que en sus primeros dos tercios destacan, dentro de la por momentos áspera densidad musical, una suerte de “gruñidos iracundos”, por decirlo de algún modo, que ciertamente hacen honor al título de “batalla imperial”.
Una “batalla” es una composición en la que se refleja sonoramente el espíritu de una batalla sacando partido de las características del órgano barroco español. Esta “Batalla imperial para órgano” la compuso Juan Bautista José Cabanilles, nacido en 1644 en la localidad valenciana de Algemesí y que fue el organista titular de la catedral de Valencia. La interpretación tuvo lugar, en fecha no especificada, en la catedral de Segovia, y corrió a cargo del estadounidense, británico de nacimiento, Edward George Power Biggs (1906-1977).
Juan Bautista José Cabanilles: “Batalla imperial para órgano” (siglo XVII).